Nålebinding II.

He probado distintos materiales para tejer Nålebinding. Me gusta por lo antiquísima que es.  Me parece muy interesante porque está a medio camino entre bordado y el punto. Y el grado de elasticidad sin perder cuerpo, también me gusta. Pero es muuuuuyyyy leeeentaaaa. Y no me gusta nada cortar hebras de  lana cuando está tan bien hilada.

Mi conclusión es que esta técnica es fabulosa para:

  1. Piezas pequeñas. (Gorros, calcetines, manoplas, zapatillas…).
  2. Fibras gruesas.
  3. Aprovechar restos de lanas (como os mostraré más adelate en este viaje).
  4. Cuero o cordón sintético (como adorno o remate de cualquier labor o incluso como broche u orquilla… O cinturones, pulseras…).
  5. Para acortar el cable de los auriculares del MP3 que siempre se me enredan. (cable negro en foto).
  6. Zurcir las medias de jockey hielo de mi hijo. (Que necesitan más mantenimiento que la capa de ozono). (Abajo foto).

medias_jockey_hielo_telenako

Todo esto lo digo desde la más absoluta de las inexperiencias. Quede bien claro. Cualquier debate está abierto. Si me quereis echar un rapapolvos en sueco o finés, también. (Y estaría muy interesada en saber si este arte  u otro similar es conocido en otros puntos del planeta). :)

PROXIMA ESTACIÓN: SPRANG.

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Viaje por el norte. [Nålebinding I.]

Penélope
Resumen de lo publicado: A falta de presupuesto para moverme con soltura por el ancho mundo, he embarcado a mi familia en un proyecto de viaje virtual a través del mundo textilero. La idea es probar tantas técnicas textiles como me vaya encontrando por la terra incognita  . Si quereis ayudarme en mi Penelopeida, yo encantadísima de reclutar tripulación. (A ver qué sale.  ¡Al lío!.)
 
Objetivo: Nålebinding
 
Desde dónde llegar:
  • Por mi parte, me he fabricado unas agujas con restos de resina polímera (vulgar Fimo). Creo que también podrían servir astillas de madera o mejor huesos de algún rumiante. Al gusto. (Para probar admito plástico como herramienta del 950-1050  A.C. )

    Creo que acabaré haciéndome un colgante con estas agujas.

    Esto es una muestra que he tejido con restos de hilos, para que veais el efecto del  nålebinding. Seguiré desarrollando el tema. Ahora se me hace tarde.

    (La viajera de encima es una muestra de supervivencia vegetal. De una hoja caida de mi Echeveria surge otra planta como si nada.)

    Hemos empezado el viaje…

    La primera parada de nuesta Penelopeida está en el Norte. Empezaremos por Suecia, que siempre nos ha apetecido mucho visitar.
    ¡Qué mejor modo de hacerlo que con la lana de Åsa! .  Hace ya un tiempo le compré los dos ovillos de La Tormenta Perfecta. Los he guardado hasta estas navidades porque me daba miedo estropear una lana tan bonita.
    Quiero que sepais que tiene curiosas propiedades mágicas ésta fibra. Hace ya un par de años que perdí el sentido del olfato (Sí. Una de mis rarezas), pero cada vez que tenía estos huevos de la nystpinne  en la mano, he recordado perfectamente la sensación de  los campos de lavanda y los bosques llenos de líquenes. Pura sugestión, porque os aseguro que soy completamente insensible a los olores.
    En fin. No me enrollo (más).  He elegido como pieza un cuellito. Prenda que no conocí hasta empezar a leer blogs.
    Las agujas las compré en Irlanda hace la  friolera de trece años. Como podéis ver en muy poca labor se pueden mezclar muchos recuerdos. El punto elegido no podía ser otro que el punto raro que explica Pilar desde su isla. Como advertencia, se teje al modo escandinavo que ella misma explica al derecho y al revés. (Aprovecho para felicitar a su suegra por tener una nuera tan maja). El punto es precioso. Para qué voy a disimular lo contenta que estoy. Además, lo más importante, he disfrutado como una enana dejando deslizar los rizos del navajo ply  entre los dedos.
    En los bordes del cuellito decidí probar la técnica de Nålebinding. Técnica vikinga muy muy interesante. Peeeeero contaré mi experiencia con esta labor de aguja la próxima vez porque me estoy alargando y no quiero aburrir y veo que el sol asoma por el horizonte (¡ Y mira que son largas estas noches del norte! ¡Y qué luces! ¡Oh!)
     

     

    Esta es la prueba irrefutable de que nos encontramos viajando por los Paises Nórdicos. (Porque… ¿no cabrá la más mínima duda de que La Penelopeida se trata de un viaje real?)

    Os presento a mi marido Uluises (Luis (Koldo en euskera)) que está muy contento de haber dejado atrás a la pesada de la Medusa.  El gorro le quedó fenómeno. (Aupa yo. Como nadie me  comenta…)

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