No sé qué le pasa a Javi (mi profe), pero se ha empeñado en que volvamos a los orígenes más primitivos y atávicos (o que no quería gastar más en arcilla) Así que nos mandó amasar el barro que se acumulaba en la pastera para reciclarlo.
Hasta que el barro rojo se bizcocha en el horno a unos 900º C, sólo hace falta dejarlo en agua unos días para que vuelva a ser blando y dútil para modelar.
Así que nos hizo descalzar a todos, e hicimos una sesión de barroterapia.

Al principio creo que fue un poco corte para todos (tanto píe desnudo y sin presentar!) pero enseguida empezó el baile.

* (Este es el punto uno. )

Hubo un momento en el que nos pusimos muyyyy transcendentes pensando en todas las veces que nuestr@s ancestr@s habrán realizado este proceso… y cuando reflexionábamos en eso de la vuelta a la tierra, del barro al barro, polvo al polvo, lo original y primigenio, la vida y la muerte y el eterno retorno (es que en seguida son Todos los Santos”)… llamaron al móvil de Mónica y Maxi amenazó con sacar el portátil para seguir amasando como primitivos con WIFI. (Juas.)
Resumiendo mucho, amasar la arcilla es mezclar las diferentes humedades del barro y procurar que no queden burbujas de aire dentro de la masa (La pieza puede explotar o agrietarse al cocer en el horno).
La tabla de madera sobre la que pisamos también ayuda a absorber el exceso de agua.
Cuando está extendida la torta se corta en cuadrícula…

…para formar planchas que se vuelven a amasar desde el punto uno * , tres o cuatro veces.
Después de pasar tres o cuatro veces por * y tener las plantas de los píes de lo más “vigorizadas” (en serio que es un masaje estupendo), se forman cubos de las tortas de la foto de arriba y se forman…
…estos bloques que serán guardados en plástico para hacer pellas de barro para el torno (o lo que se tercie.)